Tu perro está más gordo de lo que crees: cómo saberlo y ponerle remedio
· Equipo PetNova
Casi la mitad de los perros tienen sobrepeso y la mayoría de sus dueños no lo ve. Te enseñamos a evaluar la condición corporal con las manos, qué hábitos engordan sin que te des cuenta y cómo adelgazar a tu perro con cabeza.
Es uno de los problemas de salud más extendidos y, a la vez, de los más invisibles para quien convive con el perro. Una buena parte de los perros tiene sobrepeso, y la mayoría de sus dueños está convencida de que su perro está perfecto. El cariño nos hace malos jueces. La báscula y, sobre todo, las manos, son mejores.
Cómo saber si tu perro está pasado de peso
No te fíes solo del número de la báscula, porque el peso ideal varía mucho entre razas. Lo que de verdad funciona es evaluar la condición corporal, y se hace con las manos y la vista, en treinta segundos.
Toca las costillas con la palma. En un perro en su peso, las notas con facilidad bajo una capa fina de grasa, como cuando te tocas el dorso de la mano. Si tienes que apretar para encontrarlas, sobra grasa.
Míralo desde arriba, de pie. Debe verse una cintura, un estrechamiento detrás de las costillas. Si el contorno es recto o abombado, falta cintura.
Míralo de perfil. La barriga debe recogerse hacia arriba desde el pecho hacia las patas traseras, no colgar en línea recta.
Si las costillas no se palpan, no hay cintura y la barriga va recta, tu perro tiene sobrepeso, por mucho que su cara diga lo contrario.
Por qué importa tanto
No es estética. El exceso de peso le acorta la vida y le multiplica los problemas: sobrecarga articular y dolor, mayor riesgo de diabetes, más esfuerzo cardíaco y respiratorio, peor tolerancia al calor, peor recuperación de cualquier cirugía. Un perro delgado vive más años y mejores.
Lo que engorda sin que te des cuenta
Casi nunca es la ración principal. Son las extras: el trozo de pan, las sobras, los premios a todas horas, “una galletita” que para un perro pequeño es como para ti media comida. Los premios deben contar como parte de la comida del día, no sumarse a ella.
Otro clásico: la ración a ojo. La mayoría sirve de más. Pesar la comida con un vaso medidor o una báscula, siguiendo la pauta del envase como punto de partida y ajustando según el perro, corrige una buena parte del problema sin más.
Y el sedentarismo: poco paseo, poco juego. La comida que entra y no se gasta, se acumula.
Cómo adelgazarlo con cabeza
Lo primero, sin prisas peligrosas: una pérdida de peso brusca no es sana. Se busca bajar poco a poco.
Reduce las extras antes que nada y mide la ración. Si necesitas recortar comida de forma notable, valóralo con el veterinario, porque bajar mucho el pienso normal puede dejarlo corto de nutrientes; para esos casos existen dietas específicas de control de peso que sacian con menos calorías. Sustituye parte de los premios habituales por trocitos de verdura segura (zanahoria, por ejemplo) o por su propia ración usada como recompensa. Y sube el ejercicio de forma gradual, adaptado a su edad y estado.
Pésalo cada pocas semanas para ver la tendencia. Lo que no se mide, no se controla.
Apóyate en tu veterinario
Antes de poner a dieta a un perro conviene una revisión, sobre todo si engordó de repente sin cambiar la comida: ciertos problemas hormonales (como el hipotiroidismo) hacen ganar peso y se tratan de otra forma. Descartado eso, tu veterinario te marcará un peso objetivo realista y un ritmo seguro. Adelgazar a un perro es de las cosas que más mejoran su vida, y casi siempre está en tu mano.