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Cuidado

Limpiar las orejas de tu perro paso a paso

higiene Dificultad: fácil Frecuencia: Semanal o quincenal

Antes de empezar

El oído del perro tiene un canal en forma de L: una parte vertical que baja desde el pabellón y luego un giro hacia la parte horizontal, ya cerca del tímpano. Esa anatomía retiene humedad, cera y restos, sobre todo en perros con orejas caídas (cocker, basset, beagle, golden, springer) y en razas con mucho pelo dentro del conducto. El resultado: condiciones perfectas para que aparezcan otitis bacterianas y por levaduras.

La limpieza rutinaria no es opcional, pero tampoco hay que pasarse: limpiar todos los días un oído sano lo irrita y favorece la otitis que pretendías evitar. La pauta general es revisar semanalmente y limpiar cuando haga falta, normalmente una vez por semana o cada quince días según raza y actividad.

Después del baño o del nado, sí conviene limpiar y secar siempre: la humedad retenida es el principal disparador.

Lo que necesitas

  • Limpiador ótico específico para perros (no agua oxigenada, no alcohol, no aceite casero). Lo recomienda el veterinario según el oído de tu perro.
  • Algodón o gasas suaves.
  • Toalla pequeña para sujetar y manchas.
  • Premios.
  • Buena luz: linterna del móvil o flexo, para ver dentro del pabellón.
  • Nunca bastoncillos de algodón (cotton swabs). Empujan la cera hacia dentro y pueden dañar el tímpano. Bajo prohibición total dentro del conducto.

Paso a paso

  1. Coloca al perro tranquilo. Sentado o tumbado, a tu altura cómoda. Pequeños en regazo, grandes en el suelo de lado.
  2. Inspecciona primero. Levanta el pabellón. Mira y huele. Oído sano: rosado claro, casi sin olor, con un poco de cera color claro normal. Oído sospechoso: enrojecido, con cera oscura abundante, costras, olor fuerte o dulzón, sensibilidad al tacto. Si ves sospechosa, no limpies — al veterinario.
  3. Llena el conducto con limpiador. Con el envase, aplica suficiente para llenar el canal vertical. El perro va a sacudir la cabeza al sentirlo dentro, es normal y deseable.
  4. Masajea la base del oído. Con dos dedos, masajea suavemente la base donde sentirás un cartílago. Quince a treinta segundos. Sonará un “chof-chof” característico: estás moviendo el líquido y disolviendo la cera profunda.
  5. Deja que sacuda. Apártate un poco — saldrá líquido y cera disuelta por todas partes. Por eso conviene hacerlo en zona limpia o con toalla.
  6. Limpia la parte visible con algodón o gasa. Sólo lo que ves sin meter dedos dentro del conducto. Pliegues del pabellón, base. Cambia algodón cuantas veces haga falta hasta que salga limpio.
  7. Premio y final. Sesión corta. Repite con la otra oreja si toca.

Refuerzo positivo

Como cualquier manipulación corporal, la limpieza de orejas se gana con habituación. En cachorros: tocar orejas a diario, premio, sin limpiar siquiera. Cuando ya se deja tocar sin tensión, pasa a la limpieza real.

Si tu perro adulto nunca se ha dejado, empieza por tocar oreja, premio, fin. Día siguiente, tocar y levantar pabellón, premio. Al cabo de unos días, oler dentro, premio. Hasta llegar al producto en sí. El proceso quizá lleve dos o tres semanas: vale la pena, porque la limpieza la vas a hacer toda la vida del perro.

Si en mitad de la limpieza se inquieta, para y termina con un premio. Otro día sigues. Mejor dos sesiones cortas que una larga con drama.

Variaciones según raza

  • Razas con orejas caídas y largas (cocker, basset, golden): mayor riesgo de otitis. Limpieza más frecuente, secado obligatorio tras baño o nado.
  • Razas con pelo dentro del conducto (poodle, schnauzer, bichon): suelen requerir depilación periódica del pelo del conducto por el peluquero canino. Si tu peluquero no lo hace, busca uno que sí.
  • Razas con orejas erguidas (pastor alemán, husky, bóxer): ventilación natural mejor, menos limpieza necesaria. Aún así, revisión semanal.
  • Tras nadar: siempre limpieza y secado, sea cual sea la raza.

Cuándo no aplicar (y al veterinario)

Nunca limpies “por encima” un oído que ya está mal: empeoras la situación. Señales que mandan al veterinario sin pasar por limpieza casera:

  • Oreja enrojecida, caliente, dolorida al tacto.
  • Olor fuerte, ácido o dulzón.
  • Cera oscura, café molido o purulenta en cantidad.
  • Sacudidas de cabeza repetidas, perro que se rasca la oreja con la pata trasera repetidamente, ladea la cabeza.
  • Pérdida de audición aparente, falta de respuesta a sonidos.
  • Cualquier secreción con sangre.
  • Perro que grita o gruñe al tocarle la oreja.

Una otitis tratada a tiempo se resuelve sin más. Una crónica, mal tratada, puede acabar con cirugía del conducto. Llamar al veterinario al primer signo claro es siempre la decisión correcta.