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Enfermedad

Acromegalia canina

Sistema

endocrino

Severidad

grave

Contagiosa

No

Edad típica

adulto

Síntomas principales

  • Crecimiento de mandíbula y patas en adulto
  • Aumento de pliegues cutáneos
  • Resistencia hormonal y alteración del azúcar en sangre

¿Qué es?

La acromegalia canina es una enfermedad hormonal en la que el organismo del perro produce un exceso de hormona del crecimiento durante la etapa adulta, cuando los huesos ya han terminado su desarrollo. Ese exceso provoca un sobrecrecimiento de tejidos blandos y de algunos huesos, sobre todo de la cara, las extremidades y la piel.

En perras, la causa más frecuente se relaciona con los cambios hormonales del celo o con tratamientos con progestágenos, ya que estas hormonas estimulan la liberación de hormona del crecimiento por parte de la glándula mamaria. Con menor frecuencia, la enfermedad puede aparecer por un tumor de la glándula hipófisis, en el cerebro.

Cómo se manifiesta

Los signos suelen instaurarse de forma lenta, a lo largo de meses. El tutor empieza a notar que el hocico se ensancha, los espacios entre los dientes aumentan, las patas y la cabeza parecen más voluminosas y la piel forma pliegues más marcados, sobre todo en el cuello y el rostro. Es habitual que aparezca también jadeo o ronquidos al respirar por el engrosamiento de los tejidos blandos de la garganta.

Otro signo característico es una sed y un volumen de orina muy elevados, junto con una alteración en la regulación del azúcar en sangre que puede acabar derivando en diabetes mellitus.

Diagnóstico y atención

El diagnóstico es competencia del veterinario, que combinará exploración física, análisis de sangre (incluyendo hormonas específicas) y, cuando se sospecha un origen cerebral, pruebas de imagen como TAC o resonancia magnética. La atención varía según la causa: en perras con celo o tratamiento hormonal, el control del factor desencadenante suele ser clave; en tumores hipofisarios, el abordaje es más complejo y siempre lo prescribe el veterinario.

Prevención

No hay vacuna ni medida única que evite la enfermedad. La castración temprana en perras y un uso muy cauteloso de tratamientos hormonales (siempre bajo prescripción veterinaria) reducen el riesgo del cuadro asociado a progestágenos.

Tras la enfermedad

Con un diagnóstico precoz y un manejo adecuado, muchos perros mantienen una buena calidad de vida durante años. Los cambios físicos ya producidos no suelen revertir del todo, pero el avance de los síntomas puede frenarse. El seguimiento periódico es importante para vigilar la glucosa en sangre y descartar la aparición de diabetes.