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Enfermedad

Prolapso de la glándula del tercer párpado

Otros nombres: Cherry eye

Sistema

sensorial

Severidad

moderada

Contagiosa

No

Edad típica

cachorro

Síntomas principales

  • Masa rosada en ángulo interno del ojo
  • Lagrimeo aumentado
  • Conjuntivitis secundaria

¿Qué es?

El cherry eye es el desplazamiento de la glándula del tercer párpado, una estructura que produce parte de la lágrima y que normalmente queda oculta en el ángulo interno del ojo. Cuando esa glándula se sale de su sitio, aparece como una masa rosada del tamaño de una cereza, claramente visible en la esquina interna del ojo.

No es una urgencia vital, pero sí una alteración que conviene corregir: la glándula expuesta se irrita, puede inflamarse y, a largo plazo, su mal funcionamiento favorece la sequedad ocular crónica.

Cómo se manifiesta

El signo es muy evidente: una “bolita” rosada que aparece de un día para otro en la esquina interna del ojo, en uno o en ambos. Suele acompañarse de lagrimeo aumentado y, si se mantiene mucho tiempo expuesta, de conjuntivitis secundaria.

Es típica de cachorros y perros jóvenes de razas predispuestas. A veces se reduce sola durante unas horas y vuelve a aparecer.

Diagnóstico y atención

El veterinario lo diagnostica a simple vista. El tratamiento es quirúrgico y consiste en recolocar la glándula en su posición original mediante una técnica que preserva su función. No se recomienda extirparla, porque eso aumenta el riesgo de sequedad ocular crónica en el futuro.

Conviene acudir pronto: cuanto más tiempo está la glándula expuesta, más se irrita y más complicada puede ser su recolocación.

Prevención

No hay una prevención específica más allá de la cría responsable en razas predispuestas. Una vez aparece, lo importante es no demorar la consulta veterinaria.

Razas con mayor incidencia

Bulldog Inglés, Bulldog Francés, Cocker Spaniel Inglés y Beagle son las razas más frecuentemente afectadas.

Tras la enfermedad

El pronóstico tras la cirugía es muy bueno. En un pequeño porcentaje de casos la glándula puede volver a salirse y requerir una segunda intervención. Tras la corrección, el seguimiento veterinario rutinario basta para vigilar la producción lagrimal a largo plazo.