Gastritis canina
Otros nombres: Inflamación gástrica
Sistema
digestivo
Severidad
moderada
Contagiosa
No
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- Vómitos
- Pérdida de apetito
- Letargo
- Dolor abdominal
¿Qué es?
La gastritis canina es la inflamación de la mucosa que recubre el estómago. Puede presentarse de forma aguda, tras un episodio puntual, o cronificarse cuando la causa se mantiene en el tiempo. Es uno de los motivos de consulta digestiva más habituales y, en la mayoría de los casos, se resuelve bien con atención veterinaria temprana.
Las causas son muy variadas: ingesta de alimentos en mal estado o no aptos para el perro (basura, restos grasos, plantas tóxicas), cambios bruscos de dieta, parásitos intestinales, infecciones, medicamentos administrados sin supervisión o enfermedades sistémicas. En perros nerviosos o sometidos a estrés también puede aparecer sin una causa material clara.
Cómo se manifiesta
El signo más característico es el vómito, que puede ser ocasional o repetirse a lo largo del día. Suele acompañarse de pérdida de apetito, decaimiento y, a veces, dolor abdominal: el perro adopta posturas extrañas o se queja al tocarle la barriga. Puede aparecer también salivación excesiva justo antes de vomitar.
En las gastritis agudas leves los síntomas remiten en uno o dos días. Cuando los vómitos son persistentes, contienen sangre, o el animal se muestra muy apático y deshidratado, la situación deja de ser banal y requiere consulta sin demora.
Diagnóstico y atención
El diagnóstico es competencia del veterinario. La exploración clínica suele bastar en los casos leves; en cuadros que se prolongan o recidivan, puede recurrirse a análisis de sangre, ecografía abdominal o endoscopia para identificar la causa de fondo. El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario: habitualmente combina ayuno controlado, dieta blanda de transición y medicación específica.
Acude a urgencias si los vómitos son continuos, contienen sangre, o si el perro está muy decaído, no retiene agua o muestra signos claros de deshidratación.
Prevención
Evitar el acceso a basura, restos de comida humana grasos o picantes, huesos cocinados y plantas del hogar reduce mucho el riesgo. Los cambios de pienso conviene hacerlos de forma progresiva durante una semana. Las desparasitaciones internas periódicas, según el protocolo que indique el veterinario, ayudan a descartar una causa parasitaria.
Tras la enfermedad
Tras un episodio agudo la recuperación suele ser rápida. Conviene mantener la dieta blanda los días que indique el veterinario y reintroducir poco a poco la alimentación habitual. Si los episodios se repiten, hay que investigar la causa de fondo: intolerancias alimentarias, parásitos, enfermedad inflamatoria intestinal u otras condiciones que merezcan seguimiento.