Hiperplasia prostática benigna canina
Otros nombres: HPB canina
Sistema
reproductor
Severidad
moderada
Contagiosa
No
Edad típica
senior
Síntomas principales
- Esfuerzo para defecar
- Sangre en orina o semen
- Goteo prostático
- Marcha rígida
¿Qué es?
La hiperplasia prostática benigna (HPB) es un aumento progresivo del tamaño de la próstata, una glándula del aparato reproductor masculino situada en el inicio de la uretra. No es una enfermedad cancerosa: las células se multiplican y la glándula crece, pero sin invadir otros tejidos. Está provocada por la influencia hormonal de los andrógenos sobre la próstata a lo largo de los años.
Es una afección muy común en perros macho enteros (no castrados) a partir de los 5-6 años, y prácticamente universal en perros mayores. El simple paso del tiempo y la presencia de testosterona bastan para que aparezca, con mayor o menor intensidad según el individuo.
Cómo se manifiesta
Una próstata agrandada presiona estructuras vecinas, sobre todo el recto y la uretra. El tutor puede notar esfuerzo o dolor al defecar, heces aplanadas en forma de cinta, intentos repetidos sin éxito y, en algunos casos, sangrado por la uretra (con gotas de sangre fuera de la micción) o sangre en el semen. La marcha puede volverse rígida en las patas traseras y, con próstatas muy grandes, aparece dificultad para orinar.
Muchos perros toleran la HPB durante meses con signos leves; otros llegan a la consulta por un episodio de estreñimiento marcado o sangrado.
Diagnóstico y atención
El diagnóstico es competencia del veterinario y se apoya en exploración rectal, ecografía abdominal, análisis de sangre y, cuando hace falta diferenciarla de procesos malignos, biopsia o pruebas hormonales específicas. El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario: la castración es la solución más definitiva en perros que no se destinen a la cría; existen también opciones médicas para perros reproductores o como paso previo a la cirugía.
Prevención
No hay vacuna. La castración temprana evita prácticamente la aparición de HPB. En perros enteros, revisiones periódicas a partir de la edad madura permiten detectarla en fases iniciales.
Tras la enfermedad
El pronóstico es excelente. Tras la castración, la próstata se reduce de tamaño en pocas semanas y los signos suelen desaparecer. Con tratamiento médico, el control es bueno mientras se mantenga la pauta. Aun así, conviene seguir vigilando la próstata con revisiones periódicas para descartar la aparición de otros procesos prostáticos.