Impactación de sacos anales
Otros nombres: Glándulas anales obstruidas
Sistema
digestivo
Severidad
moderada
Contagiosa
No
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- Arrastre del trasero por el suelo
- Lamido perianal excesivo
- Mal olor
- Dolor al defecar
¿Qué es?
Los sacos anales (también llamados glándulas anales) son dos pequeñas bolsas situadas a ambos lados del ano del perro. Producen una secreción con olor muy característico que se libera de forma natural al defecar, ayudando al marcaje y a la lubricación. Cuando esa secreción no se vacía correctamente, los sacos se llenan en exceso y se impactan.
La impactación es un problema muy frecuente, especialmente en perros de talla pequeña o con tendencia a heces blandas. Si no se atiende, puede progresar a infección, formación de abscesos y rotura.
Cómo se manifiesta
El signo más reconocible es el “scooting”: el perro arrastra el trasero por el suelo intentando aliviar la molestia. También puede lamerse la zona con mucha insistencia, mirársela, sentarse de forma incómoda o tener mal olor persistente cerca de la cola. Algunos perros gimen al defecar o se ponen tensos.
En casos avanzados puede aparecer una hinchazón visible junto al ano, con enrojecimiento, dolor al tacto y, si hay rotura, supuración.
Diagnóstico y atención
El veterinario diagnostica la impactación con una exploración manual sencilla: comprueba el estado de los sacos y, si están llenos, los vacía. En la mayoría de los casos es un procedimiento rápido y resolutivo. Si hay infección o absceso, hace falta un manejo más completo, con limpieza local y, a veces, sedación. El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario.
Si los episodios son muy recurrentes, puede plantearse una valoración más profunda para descartar otros problemas (alergias, masas en la zona, estreñimiento crónico).
Prevención
Una dieta con la fibra adecuada que produzca heces firmes es la mejor prevención: las heces consistentes ayudan a vaciar los sacos de forma natural al pasar. El control del peso también es clave, porque la obesidad favorece la impactación. Vaciar los sacos de forma rutinaria “por si acaso” no se recomienda salvo indicación veterinaria, porque puede acabar provocando el problema que pretende evitar.
Tras la enfermedad
La mayoría de los perros mejoran inmediatamente tras el vaciado. En animales con episodios recurrentes, el veterinario puede sugerir cambios dietéticos, control del peso o, en casos resistentes, valorar opciones quirúrgicas. El seguimiento periódico evita complicaciones mayores.