Micoplasmosis canina
Sistema
infeccioso
Severidad
moderada
Contagiosa
Sí
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- Tos
- Secreción ocular o nasal
- Cojeras articulares
- Infecciones urinarias recurrentes
¿Qué es?
La micoplasmosis canina engloba un conjunto de infecciones causadas por bacterias del género Mycoplasma. Estas bacterias forman parte de la flora normal de las mucosas del perro, pero en determinadas condiciones (infecciones víricas concurrentes, inmunosupresión, estrés) pueden provocar enfermedad.
Existen distintas localizaciones clínicas: respiratoria (asociada al complejo de tos de las perreras), articular, urinaria y, en algunos casos, hematológica. Por eso los síntomas pueden ser muy variados según el órgano afectado.
Cómo se manifiesta
En su forma respiratoria, lo más habitual es tos persistente, secreción ocular o nasal y empeoramiento en perros que conviven con otros (perreras, guarderías). En la forma articular aparecen cojeras intermitentes que pueden cambiar de pata. La forma urinaria cursa con infecciones recurrentes pese a tratamientos previos.
Muchos perros con micoplasmosis presentan signos sutiles que se confunden con cuadros banales hasta que se hacen pruebas específicas.
Diagnóstico y atención
El veterinario sospecha la implicación de micoplasmas en infecciones que no responden bien al tratamiento estándar o que recidivan. La confirmación requiere pruebas específicas en las muestras según la localización (vía respiratoria, articulación, orina). El tratamiento es competencia del veterinario y se ajusta al sitio afectado y a las posibles infecciones concurrentes.
Conviene acudir si un cuadro respiratorio, articular o urinario no remite con tratamientos habituales.
Prevención
No hay vacuna específica. Reducir el estrés en perreras, mantener buena ventilación e higiene, separar a los animales con síntomas y evitar el contacto con perros enfermos son las medidas más eficaces.
Tras la enfermedad
La mayoría de los perros tratados a tiempo se recupera bien. En cuadros crónicos o recurrentes puede ser necesario investigar causas predisponentes (problemas inmunitarios, anomalías anatómicas o infecciones concurrentes) para evitar recaídas.