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Enfermedad

Mielopatía degenerativa canina

Otros nombres: MD

Sistema

nervioso

Severidad

grave

Contagiosa

No

Edad típica

senior

Síntomas principales

  • Debilidad progresiva en miembros traseros
  • Arrastre de patas
  • Pérdida de coordinación
  • Incontinencia tardía

¿Qué es?

La mielopatía degenerativa canina es una enfermedad neurológica crónica en la que las fibras de la médula espinal se van deteriorando lentamente de forma progresiva. Se ha asociado a una mutación genética concreta que puede identificarse con un test de ADN, aunque tener la mutación no implica desarrollar la enfermedad.

Suele aparecer en perros mayores y se considera, por su mecanismo, la versión canina más parecida a una enfermedad de neurona motora. Es indolora —al contrario que las hernias discales— pero progresiva e irreversible, lo que la convierte en uno de los diagnósticos más duros de gestionar emocionalmente.

Cómo se manifiesta

Los primeros signos son sutiles: el perro arrastra ligeramente las uñas de las patas traseras, tropieza ocasionalmente o cruza los pies al andar. Poco a poco aparece debilidad en los miembros posteriores, pérdida de coordinación y, con el tiempo, incapacidad para sostenerse.

En fases avanzadas, la afectación progresa también a las patas delanteras y aparece incontinencia. Todo el proceso se desarrolla típicamente a lo largo de meses o un par de años. Es muy importante recordar que no es doloroso: el perro no entiende lo que le pasa, pero no sufre por la enfermedad en sí.

Diagnóstico y atención

El diagnóstico es competencia exclusiva del veterinario y se establece por exclusión: hay que descartar primero hernias discales, tumores y otras causas mediante exploración neurológica y resonancia magnética. El test genético apoya el diagnóstico cuando el cuadro clínico encaja, pero no es suficiente por sí solo.

No existe tratamiento curativo. El manejo se centra en la fisioterapia y en mantener la calidad de vida; las decisiones concretas las orienta el veterinario en cada fase.

Prevención

No se previene en el individuo afectado. La principal medida es la cría responsable en razas predispuestas: el test genético permite emparejar reproductores para no producir cachorros con doble copia de la mutación, los únicos con riesgo significativo.

Razas con mayor incidencia

Está especialmente bien documentada en el Pastor Alemán, el Bóxer, el Welsh Corgi Pembroke, el Rhodesian Ridgeback y el Chesapeake Bay Retriever. También se describe en otras razas, aunque con menor frecuencia.

Tras la enfermedad

Es una enfermedad de evolución progresiva. La fisioterapia, la natación controlada y los apoyos como arneses de soporte y, en fases avanzadas, sillas de ruedas para perros pueden alargar mucho la calidad de vida. El acompañamiento veterinario es clave para decidir cuándo y cómo intervenir y para acompañar las decisiones difíciles que esta enfermedad termina planteando.