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Enfermedad

Prolapso rectal canino

Sistema

digestivo

Severidad

grave

Contagiosa

No

Edad típica

cachorro

Síntomas principales

  • Tejido rojo y abultado saliendo del ano
  • Esfuerzo al defecar
  • Sangrado

¿Qué es?

El prolapso rectal canino es la salida hacia fuera, a través del ano, de una porción del recto (la parte final del intestino). El tejido se ve como un abultamiento rojo, brillante y a veces sangrante, que asoma por el ano y que el perro no puede reintroducir por sí solo.

Es más frecuente en cachorros y suele ser consecuencia de un esfuerzo intenso y repetido al defecar: parásitos intestinales, diarrea persistente, inflamación rectal o estreñimiento crónico. En perros adultos puede deberse a tumores, problemas urinarios obstructivos o esfuerzos del parto. No es una enfermedad en sí misma, sino la consecuencia visible de otro problema subyacente.

Cómo se manifiesta

El signo es muy llamativo: tras un esfuerzo defecatorio, asoma por el ano un tejido cilíndrico rojizo de longitud variable, desde unos pocos milímetros hasta varios centímetros. La zona puede estar húmeda, sangrante y, conforme pasan los minutos, se hincha y se oscurece.

El perro está incómodo, lame la zona, intenta sentarse y se levanta varias veces. Puede haber sangrado fresco que mancha la cama o el suelo. Si lleva varias horas, el tejido puede empezar a sufrir y cambiar de color hacia tonos morados o grisáceos.

Diagnóstico y atención

Acude al veterinario lo antes posible. El diagnóstico es a simple vista, pero lo importante es actuar pronto para que el tejido prolapsado no se dañe.

El veterinario reduce el prolapso bajo anestesia o sedación, limpia la zona, valora si el tejido está sano y, en función de eso, decide si basta con reducirlo y dar puntos temporales, o si hay que recurrir a cirugía más extensa. Igual de importante: investiga y trata la causa subyacente (parásitos, diarrea, tumor) para que no se repita.

Prevención

La prevención pasa por evitar lo que lo provoca:

  • Calendario antiparasitario estricto en cachorros.
  • Atención precoz a las diarreas: consultar antes de que el cachorro lleve días “empujando”.
  • Dieta adecuada, con la fibra y la hidratación correctas.
  • Manejo veterinario de cualquier estreñimiento crónico o problema urinario que provoque esfuerzos repetidos.

Tras la enfermedad

Si el problema causante se controla, el pronóstico es bueno. La zona suele cicatrizar bien en pocas semanas, con dieta blanda y, a veces, reblandecedores de heces durante un tiempo. Las revisiones veterinarias son importantes para detectar precozmente cualquier recurrencia, sobre todo en los primeros meses tras el episodio.