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Enfermedad

Rotura del ligamento cruzado craneal

Otros nombres: Rotura del LCC

Sistema

musculoesqueletico

Severidad

grave

Contagiosa

No

Edad típica

adulto

Síntomas principales

  • Cojera súbita en pata trasera
  • Inflamación de rodilla
  • Dificultad para apoyar

¿Qué es?

La rotura del ligamento cruzado craneal (LCC) es la lesión ortopédica más frecuente de la rodilla del perro. El LCC es uno de los ligamentos que estabilizan la articulación: cuando se rompe, el fémur y la tibia pierden su relación normal y la rodilla queda inestable.

En perros, a diferencia de las personas, rara vez se trata de una rotura traumática “pura”. Lo habitual es una degeneración crónica del ligamento que termina rompiéndose con un esfuerzo aparentemente trivial. Por eso un porcentaje importante de perros con una rodilla rota desarrollan la misma lesión en la otra en los meses o años siguientes.

Cómo se manifiesta

Lo más típico es una cojera súbita en una pata trasera tras correr, saltar o resbalar. La cojera puede mejorar parcialmente en los primeros días, hasta el punto de que algunos tutores piensan que “se está curando”, pero suele reaparecer al volver a la actividad.

A la exploración aparece dolor de rodilla, inflamación y, sobre todo, una inestabilidad característica que el veterinario detecta con maniobras específicas. Sin tratamiento, en pocas semanas o meses se establece artrosis secundaria importante.

Diagnóstico y atención

El diagnóstico es competencia exclusiva del veterinario, que lo realiza mediante exploración ortopédica con maniobras específicas (cajón craneal, test de compresión tibial) y radiografía de la rodilla. En algunos casos se complementa con resonancia magnética o artroscopia. Acude al veterinario si tu perro empieza a cojear bruscamente de una pata trasera.

El tratamiento de elección en perros medianos y grandes suele ser quirúrgico, con varias técnicas disponibles. En perros pequeños y casos seleccionados puede manejarse de forma conservadora. La decisión la toma el cirujano ortopédico veterinario.

Prevención

No es del todo prevenible, pero el mantenimiento del peso adecuado y un acondicionamiento muscular regular —sin picos bruscos de actividad— reducen el riesgo. En perros que ya han tenido la lesión en una rodilla, conviene extremar el control para detectar la otra precozmente.

Razas con mayor incidencia

Está bien documentada en el Labrador Retriever, el Rottweiler, el Bóxer, el Terranova, el San Bernardo y el Bulldog Inglés, entre otras razas medianas y grandes. La obesidad es un factor de riesgo independiente relevante.

Tras la enfermedad

Con cirugía adecuada y un programa de rehabilitación de unos tres meses, la mayoría de los perros recuperan una función muy buena de la rodilla. La artrosis residual es inevitable pero puede manejarse a largo plazo. El tutor debe respetar el reposo postoperatorio, hacer la rehabilitación indicada, vigilar el peso y estar atento al estado de la otra rodilla.