Síndrome de cauda equina
Otros nombres: Estenosis lumbosacra
Sistema
musculoesqueletico
Severidad
grave
Contagiosa
No
Edad típica
senior
Síntomas principales
- Dolor lumbar
- Cojera trasera
- Debilidad de patas posteriores
- Incontinencia ocasional
¿Qué es?
El síndrome de cauda equina es una compresión de los nervios que salen del final de la médula espinal, en la zona lumbosacra (donde se unen la columna lumbar y la pelvis). Esos nervios controlan las patas traseras, la cola, la vejiga y el recto, de ahí la variedad de síntomas.
La causa más frecuente es la degeneración del disco lumbosacro y de las articulaciones vecinas, propia de perros de mediana edad y mayores. En algunos casos hay también un componente congénito en la forma de las vértebras que predispone al problema.
Cómo se manifiesta
El signo más característico es el dolor lumbar: el perro se queja al saltar, al subir al coche o cuando se le toca la base de la cola. Muchos tutores notan al perro “como rígido” en las patas traseras, o ven cojeras intermitentes que cambian de lado.
En casos avanzados aparece debilidad clara de las patas traseras, dificultad para levantarse, arrastre de las uñas y, en algunos perros, escapes ocasionales de orina o falta de control del recto. La progresión suele ser lenta, en meses.
Diagnóstico y atención
El diagnóstico es competencia del veterinario, que combina la exploración neurológica, las radiografías y, sobre todo, pruebas avanzadas como la resonancia magnética para valorar el grado de compresión nerviosa.
El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario, e incluye desde manejo conservador (control del peso, ejercicio adaptado, fisioterapia y reposo controlado) hasta cirugía descompresiva en casos severos o que no responden al tratamiento médico.
Razas con mayor incidencia
Es claramente más frecuente en Pastor Alemán, donde se considera una enfermedad prácticamente típica de la raza, y en Boxer. También se describe en otras razas medianas y grandes de trabajo.
Tras la enfermedad
Muchos perros viven años de buena calidad con manejo conservador bien llevado: control del peso, ejercicio regular pero suave, cama firme, evitar saltos y fisioterapia o hidroterapia cuando es posible. En los casos quirúrgicos, la mejoría suele ser buena si la intervención se hace antes de que aparezcan secuelas neurológicas marcadas.