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Enfermedad

Sordera congénita canina

Sistema

sensorial

Severidad

grave

Contagiosa

No

Edad típica

cachorro

Síntomas principales

  • Ausencia de reacción a sonidos
  • Sueño profundo del que es difícil despertar
  • Dificultad en entrenamientos vocales

¿Qué es?

La sordera congénita canina es la pérdida de audición presente ya desde el nacimiento (o que se manifiesta en las primeras semanas de vida, cuando se desarrolla la audición normal). Se debe a un fallo en el desarrollo de las estructuras internas del oído, y tiene una base genética asociada en muchos casos al patrón de pigmentación: los genes implicados en la falta de pigmento en oído interno (perros con pelaje muy blanco, mantos merle, ojos azules) se relacionan con un mayor riesgo de sordera.

Puede afectar a un solo oído (sordera unilateral, que muchos tutores no detectan en casa) o a los dos (sordera bilateral, mucho más evidente). No es contagiosa y no es una enfermedad progresiva: es la situación con la que nace ese perro.

Cómo se manifiesta

En cachorros con sordera bilateral lo típico es la falta de reacción a sonidos que normalmente despertarían a un cachorro (llamadas, palmadas, golpes lejanos), un sueño profundo del que cuesta despertarlos sin tocarlos, y dificultad para responder a entrenamientos basados en la voz. Pueden ser más mordedores con los hermanos porque no oyen sus “señales” de queja.

En los casos unilaterales (un oído sí, el otro no) los signos son sutiles: el perro puede orientar mal de dónde viene un ruido, pero responde a la mayoría de estímulos. Es muy frecuente que pasen desapercibidos sin pruebas específicas.

Diagnóstico y atención

El diagnóstico es competencia del veterinario, idealmente con apoyo de un neurólogo. La prueba de referencia es el BAER (también llamada PEATC), una prueba objetiva, no invasiva, que mide la respuesta eléctrica del oído ante estímulos sonoros. Es la única forma fiable de detectar sordera unilateral.

La sordera congénita no tiene tratamiento curativo. El “tratamiento” consiste en adaptar la convivencia y el entrenamiento. El veterinario y, en su caso, un educador canino con experiencia en perros sordos, son grandes aliados.

Prevención

Es prevenible a nivel poblacional con cría responsable: realizar pruebas BAER a los reproductores de razas predispuestas y no cruzar entre sí perros con patrones de pelaje de alto riesgo (cruces merle × merle, por ejemplo). A nivel individual, no se puede prevenir una vez nacido el cachorro.

Razas con mayor incidencia

Se ha descrito con frecuencia significativa en Dálmata, Bull Terrier, Bobtail (Old English Sheepdog), Australian Cattle Dog, Border Collie, y en perros con pelaje predominantemente blanco o patrón merle.

Tras la enfermedad

Los perros sordos pueden tener una vida plena y feliz si la convivencia se adapta. Funcionan muy bien con señales visuales y vibratorias: gestos en lugar de palabras, dar golpecitos suaves en el suelo para llamar su atención, linternas suaves o luces para llamarlos en el patio. Por seguridad, conviene evitar pasearlos sueltos cerca de carreteras o zonas con tráfico, ya que no oyen los coches que se acercan. Con un poco de aprendizaje por parte del tutor, la sordera no impide una vida normal.