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Enfermedad

Urticaria canina

Otros nombres: Angioedema

Sistema

tegumentario

Severidad

grave

Contagiosa

No

Edad típica

cualquier edad

Síntomas principales

  • Inflamación facial súbita (morro y párpados)
  • Habones cutáneos
  • Picor
  • Posible compromiso respiratorio si avanza

¿Qué es?

La urticaria canina es una reacción alérgica aguda de la piel. El sistema inmunitario reacciona de forma exagerada ante un estímulo concreto (una picadura de insecto, un alimento, un medicamento, una vacuna, una planta o, en algunos casos, un cambio físico) y libera sustancias inflamatorias que provocan hinchazón en distintas zonas del cuerpo. Cuando esa hinchazón afecta a tejidos más profundos, sobre todo de la cara, se habla de angioedema.

Es uno de los motivos más frecuentes de consulta de urgencia en clínica de pequeños animales. La mayoría de cuadros son leves y se resuelven bien, pero algunos pueden evolucionar a una reacción más grave (anafilaxia) que afecta a la respiración y la presión arterial.

Cómo se manifiesta

Lo más típico es una hinchazón súbita de la cara: morro abultado, párpados que casi cierran los ojos, orejas engrosadas. Aparece en cuestión de minutos a una hora tras el desencadenante. Sobre el resto del cuerpo pueden verse “habones”: elevaciones redondeadas de la piel, a veces con pelo erizado, que dan al perro un aspecto granulado al tacto.

Suele acompañarse de picor, a veces intenso, lamido constante de la cara o las patas y, en algunos casos, vómito o diarrea. Lo importante es vigilar la respiración: si aparece dificultad para respirar, ruidos al inspirar, palidez de las encías o decaimiento marcado, el cuadro ha pasado a ser una urgencia mayor.

Diagnóstico y atención

Si tu perro presenta una hinchazón facial brusca, acude al veterinario, idealmente a urgencias. La mayor parte de los casos se resuelven sin complicaciones con atención precoz, pero la diferencia entre una urticaria leve y un cuadro grave puede ser cuestión de minutos, y sólo el veterinario tiene los medios para distinguirlo y actuar.

El diagnóstico es clínico, basado en la exploración y la historia (qué ha pasado en las últimas horas: paseo nuevo, comida nueva, vacuna, medicación). El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario. Tras la fase aguda, conviene intentar identificar el desencadenante para evitar futuras reacciones.

Prevención

Si se logra identificar la causa, evitarla es la mejor prevención: cambio de pienso si fue alimentaria, prevención de picaduras (collares antiparasitarios, evitar zonas con mucha avispa o abeja), comentar al veterinario el antecedente antes de cualquier vacuna o medicación nueva. En perros con episodios repetidos, el veterinario puede plantear estudios alergológicos o pautas específicas para situaciones de riesgo.

Tras la enfermedad

La mayoría de perros se recuperan por completo en horas. Tras un primer episodio conviene anotar todo lo que pasó las horas previas (comida, paseo, productos nuevos) y comentarlo en la revisión. Los perros con tendencia a repetirlo pueden necesitar un plan de manejo o, en algunos casos, llevar en casa una pauta indicada por el veterinario para los primeros minutos de una nueva crisis. Los controles periódicos ayudan a anticipar y prevenir.