Uveítis canina
Sistema
sensorial
Severidad
grave
Contagiosa
No
Edad típica
cualquier edad
Síntomas principales
- Ojo rojo y doloroso
- Lagrimeo
- Pupila irregular o miosis
- Sensibilidad a la luz
¿Qué es?
La uveítis es la inflamación de la úvea, la capa intermedia del ojo que incluye el iris (la parte coloreada) y otras estructuras internas. Es una condición dolorosa y potencialmente grave, porque la úvea es muy rica en vasos sanguíneos y reacciona ante problemas locales y también ante enfermedades del resto del organismo.
Las causas son muy variadas: traumatismos, infecciones víricas, bacterianas o parasitarias (como leishmaniosis o ehrlichiosis), enfermedades inmunomediadas, cataratas en fase avanzada e incluso tumores. Por eso, una uveítis siempre obliga a buscar la causa de fondo.
Cómo se manifiesta
El ojo se ve rojo, con un brillo apagado y, a menudo, con la pupila más pequeña que la del otro ojo. El perro entrecierra el párpado, busca la sombra y lagrimea más. En casos marcados, dentro del ojo puede acumularse material inflamatorio que enturbia la visión.
Es una situación dolorosa, aunque el perro no siempre lo manifiesta de forma evidente. Cualquier ojo rojo y doloroso debe valorarse pronto.
Diagnóstico y atención
El veterinario explora el ojo con instrumental específico y suele medir la presión intraocular para descartar otras enfermedades, como el glaucoma. Según los hallazgos, indica analíticas y pruebas complementarias para buscar la causa sistémica. El tratamiento es competencia del veterinario y se ajusta al origen y a la gravedad del proceso; combina medidas locales con tratamiento de la enfermedad de base cuando existe.
La uveítis aguda dolorosa es motivo de consulta el mismo día. Cuanto antes se controle la inflamación, menos riesgo de secuelas visuales.
Prevención
No hay prevención directa, salvo el manejo correcto de las enfermedades que pueden desencadenarla. Una buena protección antiparasitaria reduce el riesgo de uveítis secundaria a enfermedades transmitidas por vectores.
Tras la enfermedad
El pronóstico depende mucho de la causa y de la rapidez del tratamiento. Si se controla pronto, muchos perros recuperan visión completa. En casos crónicos pueden quedar secuelas como sinequias (adherencias), cataratas o aumento de la presión intraocular, que requieren seguimiento oftalmológico prolongado.