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Raza

Galgo Húngaro

También conocido como: Magyar Agár

Galgo Húngaro
Imagen: Wikimedia Commons · Wikimedia Commons — CC BY-SA 3.0

Origen

Hungría

Tamaño

grande

Peso

22–31 kg

Altura

62–70 cm

Esperanza de vida

12–14 años

Grupo FCI

Grupo 10 — Lebreles

Temperamento

tranquilolealreservadoafectuosoresistente

Descripción general

El Magyar Agár, o Galgo Húngaro, es un lebrel muy antiguo, presente en la llanura panónica desde la llegada de las tribus magiares en el siglo IX. Aunque comparte aire de familia con otros lebreles continentales, su perfil es más robusto y rústico: fue criado para correr largas distancias por la estepa cazando liebres y ciervos junto a jinetes a caballo, no sólo para carreras cortas en circuito cerrado.

Durante siglos fue el perro de los nobles y campesinos húngaros por igual. Su número descendió drásticamente con la mecanización del campo y las dos guerras mundiales, pero un programa de recuperación a partir de los años cincuenta consolidó la población actual. Fuera de Hungría sigue siendo poco conocido, y eso lo hace una elección singular para quien quiere un lebrel diferente al galgo español o al greyhound.

Características físicas

Es un perro de líneas aerodinámicas pero más sólido y musculado que un greyhound. La cabeza es ancha y fuerte, con un hocico potente y unas orejas de implantación alta que se pliegan en rosa cuando está activo. Los ojos son oscuros, con una expresión inteligente y tranquila a la vez.

El pelaje es corto, denso y duro al tacto, lo que le permite soportar tanto el frío del invierno continental como el calor del verano. Los colores admitidos son variados: negro, leonado en todas sus tonalidades, atigrado, blanco con manchas o combinaciones, lo que da mucha variedad estética a la raza.

Carácter y comportamiento

Es un perro tranquilo y reservado, muy diferente del estereotipo de lebrel nervioso. En casa pasa la mayor parte del tiempo descansando, con momentos de afecto silencioso hacia su familia. Es leal y se vincula con fuerza a su gente, aunque no es invasivo: respeta los espacios y agradece tener un sitio cómodo donde retirarse.

Con los desconocidos se muestra distante pero educado. No es agresivo ni desconfiado por sistema; simplemente prefiere observar antes de aceptar el contacto. Es vocal sólo cuando hay motivo, lo que lo convierte en un perro discreto para vivir.

El instinto de persecución hacia presas pequeñas en movimiento es muy intenso, como en todos los lebreles. Los paseos sueltos sólo deben hacerse en zonas cercadas y suficientemente amplias. Con los niños es paciente y afectuoso, y con otros perros suele entenderse sin problemas. Con gatos necesita socialización cuidadosa desde cachorro.

Cuidados específicos

  • Ejercicio: necesita la oportunidad regular de correr a fondo en zonas seguras y amplias; los paseos urbanos no le bastan.
  • Alimentación: ración acorde a su tamaño y a su actividad real, con cuidado de no excederla en periodos de menos ejercicio.
  • Pelaje: muy bajo mantenimiento; cepillado semanal corto y baño cuando realmente haga falta.
  • Mental: disfruta de los deportes de velocidad como el coursing y funciona bien con el entrenamiento positivo, aunque conviene aceptar su carácter independiente.

Convivencia

Es uno de los lebreles más fáciles de adaptar a la vida en casa, incluso en pisos urbanos, siempre que se le ofrezcan salidas amplias al campo. Una cama cómoda y un rincón tranquilo son lo que más valora. Tolera la soledad mejor que muchas razas y no es propenso a la ansiedad por separación si se acostumbra de joven.