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Enfermedad

Callos por decúbito

Otros nombres: Higromas

Sistema

tegumentario

Severidad

leve

Contagiosa

No

Edad típica

senior

Síntomas principales

  • Engrosamiento cutáneo en codos y otros puntos de apoyo
  • Pérdida de pelo en la zona

¿Qué es?

Los callos por decúbito son engrosamientos de la piel que aparecen en las zonas del cuerpo que soportan el peso al tumbarse: principalmente los codos, pero también las corvejones, las caderas y, en perros gigantes, el esternón. La piel se vuelve más gruesa para protegerse del roce continuo contra el suelo.

En algunos perros, junto al callo, se forma una bolsa rellena de líquido denominada higroma. Es la respuesta del organismo a la presión repetida sobre una zona ósea, especialmente cuando duerme habitualmente sobre superficies duras.

Cómo se manifiesta

El tutor suele notar zonas oscuras, sin pelo y de tacto más rugoso en los codos del perro. Con el tiempo, la piel se engruesa y se vuelve callosa, a veces agrietada. En el caso de los higromas, aparece un bulto blando y movible justo sobre el codo.

Habitualmente no producen dolor, pero si la piel se agrieta o se ulcera puede infectarse y entonces sí aparece inflamación, secreción y molestia al apoyar. Los perros muy grandes son los que más tendencia tienen a este tipo de complicaciones.

Diagnóstico y atención

El diagnóstico es competencia del veterinario y se hace con la simple exploración. En el caso de los higromas, puede recurrir a una punción para confirmar que el contenido es líquido y descartar abscesos u otros procesos.

El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario, y se centra sobre todo en mejorar el manejo: camas más mullidas, almohadillado de codos, evitar superficies duras y control del peso. Sólo se interviene quirúrgicamente en complicaciones serias.

Razas con mayor incidencia

Aparecen casi de forma esperable en razas gigantes como el Gran Danés y el San Bernardo, y son muy frecuentes también en Labrador Retriever y otras razas grandes de pelo corto.

Tras la enfermedad

Con una buena cama, control del peso y atención temprana de las grietas, la mayoría de callos se mantienen estables y no causan más problemas. Si aparece infección o ulceración, conviene consultar al veterinario sin demora: los callos infectados son mucho más complicados de tratar que los simples.