Pénfigo foliáceo canino
Sistema
inmunitario
Severidad
grave
Contagiosa
No
Edad típica
adulto
Síntomas principales
- Pústulas en cara y orejas
- Costras gruesas
- Lesiones en almohadillas plantares
- Picor variable
¿Qué es?
El pénfigo foliáceo es la enfermedad autoinmune de la piel más frecuente en el perro. El sistema inmunitario produce anticuerpos contra las proteínas que mantienen unidas las células de la capa superficial de la piel; al perder esa unión, las células se separan y se forman pequeñas pústulas que evolucionan a costras gruesas.
No es contagioso ni tiene origen infeccioso, aunque las lesiones pueden infectarse de manera secundaria. Puede aparecer de forma espontánea (idiopático), tras una exposición prolongada a ciertos medicamentos o, en algunos casos, tras un proceso inflamatorio crónico de la piel.
Cómo se manifiesta
Las lesiones suelen empezar en la cara, sobre todo en el puente nasal y alrededor de los ojos, y en los pabellones auriculares. Aparecen pústulas (granitos amarillentos) que se rompen rápido y dejan paso a costras gruesas, amarillentas o marrones, y zonas sin pelo. Una afectación muy típica son las almohadillas plantares: se vuelven gruesas, agrietadas y dolorosas, lo que provoca cojera.
Con el tiempo, las lesiones pueden extenderse a otras partes del cuerpo. El picor es variable: algunos perros se rascan mucho, otros casi nada. En casos avanzados aparecen apatía, fiebre y pérdida de apetito.
Diagnóstico y atención
El diagnóstico es competencia del veterinario y requiere casi siempre una biopsia cutánea, que permite diferenciar el pénfigo de otras enfermedades de piel con aspecto parecido (dermatitis, sarna, lupus discoide, infecciones). Se completa con análisis de sangre y, en función del caso, pruebas para descartar enfermedades subyacentes. El tratamiento se ajusta a cada caso y lo prescribe el veterinario, dirigido a modular la respuesta inmunitaria y manejar las infecciones secundarias.
Prevención
No hay vacuna ni medida que evite por completo su aparición. En perros ya diagnosticados, la exposición prolongada al sol puede empeorar las lesiones, por lo que conviene evitar las horas centrales del día y emplear protector solar veterinario en las zonas afectadas.
Razas con mayor incidencia
Se ha descrito mayor predisposición en razas como el Akita Inu, el Chow Chow, el Dóberman y el Bearded Collie, aunque puede aparecer en cualquier raza, incluidos los perros sin pedigrí.
Tras la enfermedad
Es una enfermedad crónica que requiere manejo prolongado y, en muchos casos, indefinido, con dosis ajustadas a la respuesta individual. Muchos perros mantienen una buena calidad de vida con periodos de control completo y otros de actividad leve. El seguimiento veterinario regular es clave para ajustar el tratamiento y vigilar posibles efectos a largo plazo.